¿Lo que es bueno para mí, es bueno para todos?

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¿Lo que es bueno para mí, es bueno para todos?

Continuemos por el tortuoso camino…

Lo que es bueno para miSupongamos la economía particular de una familia de clase media (si conseguimos recordar lo que era eso) con unos ingresos fijos mensuales y unos gastos ajustados a esos ingresos. Pensemos que dentro de los gastos mensuales de esa familia estaría la vivienda, la alimentación, el transporte, la sanidad, la educación de los hijos y otros gastos que permitidme que llame superfluos, en el sentido de que se podría prescindir de ellos afectando al nivel de vida de la familia pero no a sus necesidades de supervivencia. Ante un descenso repentino en esos ingresos mensuales y la imposibilidad inmediata de reponerlos esa familia, como cualquier otra decidiría recortar (maldita palabra) parte de sus gastos. No cabe duda que empezarían por esos que hemos llamado superfluos (cine, cenas, vacaciones…). Si esta medida no es suficiente tendrían que empezar con los más vitales. Por supuesto no dejaríamos de comer o de vestir, pero sí pensaríamos en productos sustitutivos más baratos. Y por supuesto que a nadie extrañaría que esa familia prescindiese de su seguro médico incluso que al final enviara a sus hijos a colegios o universidades públicas en lugar de pagar cantidades importantes en esos conceptos para cubrir las necesidades básicas.

Estoy seguro que a nadie se le ocurriría ponerse en el portal de esa familia con pancartas y megáfonos para protestar por los recortes en sanidad y educación que ha hecho esa economía familiar y que le han permitido subsistir.

En una de las primeras clases que damos a los estudiantes cuando se matriculan de Ciencias Económicas explicamos que debemos evitar la falacia de la composición. Algo que es bueno para uno no significa que sea bueno para todos, pero algo nos indica. Otro día lo explicamos más profundamente cuando hablemos de precios.

Ahora mismo en España nos encontramos en una situación de brusco descenso de los ingresos, o para ser más exacto de imposibilidad de vivir más tiempo en una situación de déficit. No podemos a corto plazo aumentar los ingresos del Estado por lo que nos vemos en la obligación de reducir gastos. Acepto lo que sé que muchos de vosotros estáis pensando, pues empecemos por esos gastos superfluos y estoy seguro que todavía quedan cosas por hacer en ese sentido, pero no nos alarmemos tanto ante recortes en sanidad y educación porque cualquiera de nosotros lo haríamos.

Apretemos los dientes, esforcémonos más de lo que hacíamos hasta ahora, levantemos la voz, por supuesto, pero sin dejar de tener claro que sin el trabajo de todos no vamos a salir de esto.

Estamos muy acostumbrados a los cuentos de niños donde cuando las cosas se ponen difíciles aparece el hada madrina para sacarnos de los problemas. Fijémonos en otros cuentos que también existen en la que los problemas se solucionan con ingenio y esfuerzo. Y esto va por todos, ciudadanos y políticos.

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